Las novelas de William Gibson, películas como Matrix, o Mangas como Ghost in The Shell nos muestran una distopía donde nuestro mundo real se fusiona con el mundo virtual.

Todo parece ciencia ficción, pero cuando ves que universidades como Berkeley, el MIT o la de Tokio están experimentando con sistemas que pueden leer la información almacenada en un cerebro y transferirla a otro de forma remota y voluntaria, te das cuenta que películas como Johnny Mnemonic pueden cumplirse dentro de muy poco.

Nosotros de forma voluntaria o no, estamos construyendo nuestro reflejo digital en el ciberespacio; los que somos muy activos en las redes sociales indicamos cuándo nos levantamos, qué sitio estamos visitando, qué estamos viendo en la televisión, qué música estamos escuchando, a dónde viajamos, hasta sacamos fotografías de la comida que nos vamos a comer.

Imagínese que usted quiere vivir en una cueva y desconectarse de Internet. Sus datos personales seguirán circulando de por vida.

En el momento que haga cualquier transacción con el mundo real, si no es usted, el repartidor de pizzas, la dependienta del supermercado, el banquero, el operador de su compañía telefónica se encargará de poner sus datos a circular en el mundo virtual del que intenta escapar.

Entre en la Wikipedia y apréndase esta definición: “Big Data”, significa que el más mínimo aspecto de su vida está siendo utilizado, ni en la peor de las pesadillas que pudiera sufrir George Orwell se podría imaginar el nivel de control que se ejerce sobre nosotros.

Conozco personas que jamás se han conectado a Internet, pero gracias a Google puedo ver dónde trabajan, ver qué oposiciones han hecho, qué multas han recibido, incluso si han ido a juicio o han sido embargados.

Da miedo entrar en una web y que la publicidad que aparezca sea exactamente de productos que estamos necesitando. Es impresionante entrar en Amazon y que todos los productos que nos ofrecen estén relacionados con lo que estábamos buscando en otros sitios.

Tenga en cuenta que la próxima vez que quiera contratar un seguro, pedir un crédito o solicitar un empleo, en vez de entrevistarle a usted, bastará con consultar a su yo digital.

Este flujo de datos del mundo real al virtual, está creando un reflejo de nosotros mismos, ¿podemos controlar esta información? ¿podemos borrar este reflejo?. Lo siento mucho, pero la respuesta es NO. ¿Qué pasaría si toda esta información se recopilara en una única fuente y acabara en manos de alguien sin escrúpulos o se hiciera pública?.

Publicado en TheObjective.com.