La humanidad ha vivido sus peores totalitarismos en el pasado siglo XX, tras sufrir los genocidios del comunismo y del nazismo, tras los horrores de las guerras mundiales y civiles, lo lógico es que el pensamiento Liberal, el de conseguir la libertad a todos los niveles, para alcanzar la paz y la prosperidad para todos, sería nuestra máxima para evitar cometer los errores del pasado, puesto que las ideologías del comunismo y el nacional-socialismo demostraron ser sendos fracasos que desembocaron en baños de sangre.


Por desgracia en nuestra sociedad aún quedan reductos de ese pensamiento totalitario que quiere infundirnos en nuestras conciencias un sentimiento de culpa por haber conseguido nuestra libertad y nuestra prosperidad, y hacernos creer que lo hemos conseguido gracias a la esclavitud y la pobreza de otros.

Este pensamiento totalitario tuvo una gran victoria cuando Ben Laden atacó a los EE.UU. el 11-S de 2001; en la sociedad se inculcó la creencia de que la culpa de esa masacre la tuvieron los EEUU por ser libres y prósperos a costa de los países pobres, y no por la ideología islámica que odia la libertad. Tras el 11-S (aunque seguramente mucho antes) los mayores totalitarios han realizado una alianza ideológica muy peligrosa, la izquierda va de la mano de los islámicos, porque ambos tienen un objetivo común, destruir la libertad e imponer sus ideales por la fuerza, y su mejor arma no es estrellar aviones en rascacielos o volarse ante la entrada de un centro comercial. Su mejor arma es quitarnos toda legitimidad moral para defender nuestras ideas, el querer comparar o poner al mismo nivel civilizaciones genocidas con la nuestra, y lo peor de todo, adormecer nuestras conciencias para que día a día perdamos nuestros derechos y libertades y que nuestro sentimiento de culpa o de inferioridad, no nos permita reaccionar o responder.

Este monstruo totalitario está ganando la batalla, está actuando a todos los niveles de nuestra vida, se instalan en nuestra sociedad a pequeños pasos, quieren regular todos los aspectos de nuestra vida, quieren decirnos qué podemos hacer y qué no podemos hacer, qué podemos decir y qué no.

Estos totalitarios actúan a pequeña escala, por ejemplo la SGAE y otras agencias de derechos de autor se están convirtiendo en un medio totalitario, quieren controlar la cultura para engordar sus arcas a costa de los autores y sus seguidores; los políticos no hacen más que controlar nuestra vida privada, nos dicen cuándo podemos fumar y beber y cuando no, cuándo podemos usar los móviles y cuando no, qué clase de videojuegos podemos jugar, sacan leyes para cercenar la libertad en Internet y la de los periodistas.

A gran escala tenemos los totalitarismos nacional-socialistas que vuelven con más fuerza que nunca, además los peores casos de corrupción de nuestra historia vinculados a operaciones para generar monopolios que financien a los separatistas, quieren cerrar los medios de comunicación que no sean afines alpensamiento único, pocos quedan que quieran saber la verdad sobre el 11-M y todo parece regirse por un siniestro plan.

Tras la tormenta del siglo XX, lo que se quedó en una leve brisa, se vuelve a convertir en vientos totalitarios. De que nuestras conciencias despierten y actuemos en consecuencia, defendiendo la libertad a todos los niveles,depende que esos vientos no se conviertan en la tormenta del siglo XXI.