Todos sabemos que las redes sociales se han convertido en un importante medidor de egos; vemos cómo los sufridos Community Managers hacen lo que sea para ganar seguidores y generar Trending Topics, algunos rozando hasta el ridículo.

Tanto en Twitter como en Facebook se deforma tanto la realidad que las personas y las empresas creen que cuanto más seguidores tienes, más influyente eres. Luego llega la cruda realidad y cuando coges el Metro nadie te saluda, y en el bar nadie te conoce, pero eso no lo tuiteas.

Aun así hay mentes prodigiosas que han visto un filón a la hora de cultivar el ego de las personas y las empresas, y han montado un floreciente negocio donde puedes “comprar amigos”. El precio medio está en 10 euros los 1000 seguidores de Twitter y 20 euros los 250 fans en Facebook.

¿Pero quién está tan desesperado para querer comprar amigos que no van a interactuar contigo ni van a comentar las fotos de tus comidas, las tonterías que hacen tus mascotas, o tus desvaríos políticos?.

Hay herramientas como Twitteraudit o Statuspeople que permiten conocer cuántos usuarios falsos tiene cada cuenta, así podremos saber quién es un gurú legítimo y quién un vende-humos. ¿A que dan ganas de echar un vistazo a las cuentas de los principales políticos y contertulios de la televisión?.

Si examinamos el perfil de Mariano Rajoy en Twitter descubriremos que el 18% de los seguidores son falsos y el 43% son inactivos. Es decir el presidente del Gobierno sólo cuenta con un 39% de seguidores legítimos. Y si miramos el Twitter de Rubalcaba, las cifras son muy parecidas: el 20% son falsos, el 49% inactivos y únicamente un 31% son usuarios legítimos.

Es una lástima que haya personas y empresas que quieran ganar seguidores por la vía fácil y lo peor es que con estas herramientas pueden quedar completamente expuestos.

Los que me conocen saben que tengo una mente retorcida, si yo fuera el adversario político de Rajoy y Rubalcaba, me gastaría una fortuna en cada uno para llenarlos de seguidores falsos y luego denunciarlo y hundir su reputación en las redes sociales.

Por eso yo me dejaría de preocupar por mi número de seguidores y me centraría en ofrecer contenidos y relaciones de calidad, abandonando el habitual autismo de las cuentas políticas y corporativas.

¿Quien tiene un amigo tiene un tesoro?. Sí, pero sólo si es de verdad.

Publicado en TheObjective.com.